Mariana Pérez Villoro

Así llegó a mi vida

De la velocidad con que nos encontramos

y nos separamos,

y de la extensión de la distancia,

pueden deducirse la fuerza del viento

y el tamaño de las olas.

Wen Yiduo 

 

Cuando lo conocí 

fui testigo de ese fenómeno.

Un terremoto de magnitud exacta

movió el fondo de morfología precisa 

en el punto de profundidad justo

y el mar perdió su equilibrio.

 

La longitud de onda 

provocó una descarga en la costa:

el océano se retiró como en una marea baja

y hubo un estruendo.

 

El cuerpo líquido avanzó verticalmente

y fue creciendo hacia la superficie.

 

La energía cinética se volvió potencial

cambió velocidad por amplitud

y la ola ganó altura.

 

Y, al descender, su masa de agua perturbada

se desplazó hacia mi interior.

 

La dinámica de
las deformaciones

Deseaba las formas mayores del relieve

las fosas tectónicas y las cordilleras.

 

Deseaba las estructuras originales sobre la roca plutónica

las estructuras alteradas sobre la arenisca.

 

Deseaba las formaciones kilométricas 

y también las sólo visibles en el microscopio.

 

Por eso, sometí mi capa superficial a la gravedad 

y a las combinaciones de sus fuerzas horizontales.

 

Por eso, aspiré a la evolución y desplacé mis placas

con movimientos lentos y verticales.

 

Por eso, transporté el calor y lo hice circular

sobre la superficie y dentro de ella.

 

Así provoqué una deformación elástica 

como de roca atravesada por ondas sísmicas.

 

Así, causé una deformación plástica

continua y de alargadas ondulaciones. 

 

Y, así, al superar cierto valor en mi manera de actuar

conforme a las propiedades 

y a las circunstancias de la realidad creciente

logré una satisfactoria deformación

discontinua por rotura:

una falla irreversible

 

Inaguantable

El sonido del mar golpea mi orilla 

vuelve sin tregua: no hay un resguardo. 

 

Lleva en su ritmo esa constante 

cae con su peso de certidumbre sobre mi playa.

 

A su regreso, el estallido lo abarca todo:

su golpe seco es la sentencia inconmovible

es la evidencia del rezo del agua: 

detrás de la esperanza no hay nada.

 

Bajo la guardia ante el azote sobre mi costa

me entrego a ese vaivén, a ese inescapable espasmo.

 

Dejo que el rumor del desplazamiento de ondas 

me hunda y me inunde

que me someta y me reduzca

y me haga rendirme sin más remedio 

en la ineludible resignación.

 

Zona intermareal

A nuestra relación 

le quedaba poca materia orgánica 

y limitada agua dulce.

 

Los sedimentos en las cuencas 

apenas conseguían fertilizar el área

brotaba con dificultad 

la escasa diversidad endémica

y las corrientes de aire 

iban degradando todo.

 

El oleaje daba forma 

a los montículos de letras negras:

en esas duras condiciones

las dunas crecían

tierra adentro.

 

Nuestro bosque de enebros y sabinas

no era más que una fantasía.

 

Palabras
del fondo del
diccionario

Atesoraba

haliótidos

neritas

tróquidos

cipreas

nautiloideos

terébridos… 

 

blancos de orificios y canales

rosáceos con suturas

moteados de costillas verticales 

amarillos con valvas esmaltadas

pardos de cordones espirales…

litorinas 

volútidos

turbinellas 

argobucinnums

pleuroploicas

turritélidos…

 

Todos estos caracoles

uno a uno

le entregué.

 

Mariana Pérez Villoro

Por medio de la poesía, la narrativa y la escritura de guiones, Mariana indaga en la espiritualidad, la filosofía, la experiencia emocional, las relaciones humanas y la conexión con la naturaleza. Obtuvo el Premio de mejor guion de cortometraje por Acto de magia en el Festival Internacional de Cine de Guanajuato y es autora de Solo la tierra sola (Mantis Editores)

 

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Calle Parque de las Estrellas 2764, Jardines del Bosque, 44520 Guadalajara, Jalisco