Así llegó a mi vida
De la velocidad con que nos encontramos
y nos separamos,
y de la extensión de la distancia,
pueden deducirse la fuerza del viento
y el tamaño de las olas.
Wen Yiduo
Cuando lo conocí
fui testigo de ese fenómeno.
Un terremoto de magnitud exacta
movió el fondo de morfología precisa
en el punto de profundidad justo
y el mar perdió su equilibrio.
La longitud de onda
provocó una descarga en la costa:
el océano se retiró como en una marea baja
y hubo un estruendo.
El cuerpo líquido avanzó verticalmente
y fue creciendo hacia la superficie.
La energía cinética se volvió potencial
cambió velocidad por amplitud
y la ola ganó altura.
Y, al descender, su masa de agua perturbada
se desplazó hacia mi interior.
La dinámica de
las deformaciones
Deseaba las formas mayores del relieve
las fosas tectónicas y las cordilleras.
Deseaba las estructuras originales sobre la roca plutónica
las estructuras alteradas sobre la arenisca.
Deseaba las formaciones kilométricas
y también las sólo visibles en el microscopio.
Por eso, sometí mi capa superficial a la gravedad
y a las combinaciones de sus fuerzas horizontales.
Por eso, aspiré a la evolución y desplacé mis placas
con movimientos lentos y verticales.
Por eso, transporté el calor y lo hice circular
sobre la superficie y dentro de ella.
Así provoqué una deformación elástica
como de roca atravesada por ondas sísmicas.
Así, causé una deformación plástica
continua y de alargadas ondulaciones.
Y, así, al superar cierto valor en mi manera de actuar
conforme a las propiedades
y a las circunstancias de la realidad creciente
logré una satisfactoria deformación
discontinua por rotura:
una falla irreversible
Inaguantable
El sonido del mar golpea mi orilla
vuelve sin tregua: no hay un resguardo.
Lleva en su ritmo esa constante
cae con su peso de certidumbre sobre mi playa.
A su regreso, el estallido lo abarca todo:
su golpe seco es la sentencia inconmovible
es la evidencia del rezo del agua:
detrás de la esperanza no hay nada.
Bajo la guardia ante el azote sobre mi costa
me entrego a ese vaivén, a ese inescapable espasmo.
Dejo que el rumor del desplazamiento de ondas
me hunda y me inunde
que me someta y me reduzca
y me haga rendirme sin más remedio
en la ineludible resignación.
Zona intermareal
A nuestra relación
le quedaba poca materia orgánica
y limitada agua dulce.
Los sedimentos en las cuencas
apenas conseguían fertilizar el área
brotaba con dificultad
la escasa diversidad endémica
y las corrientes de aire
iban degradando todo.
El oleaje daba forma
a los montículos de letras negras:
en esas duras condiciones
las dunas crecían
tierra adentro.
Nuestro bosque de enebros y sabinas
no era más que una fantasía.
Palabras
del fondo del
diccionario
Atesoraba
haliótidos
neritas
tróquidos
cipreas
nautiloideos
terébridos…
blancos de orificios y canales
rosáceos con suturas
moteados de costillas verticales
amarillos con valvas esmaltadas
pardos de cordones espirales…
litorinas
volútidos
turbinellas
argobucinnums
pleuroploicas
turritélidos…
Todos estos caracoles
uno a uno
le entregué.
Mariana Pérez Villoro
Por medio de la poesía, la narrativa y la escritura de guiones, Mariana indaga en la espiritualidad, la filosofía, la experiencia emocional, las relaciones humanas y la conexión con la naturaleza. Obtuvo el Premio de mejor guion de cortometraje por Acto de magia en el Festival Internacional de Cine de Guanajuato y es autora de Solo la tierra sola (Mantis Editores)